Sangre de mayo
Nunca te había tenido en mis manos,
No te tenía miedo, no conocía tu cara ni tu voz.
Ahora no escucho otra cosa que no seas tú,
Los gritos que resuenan en mi consciencia, recordando cada paso de anoche.
No veo; no oigo ni siento; el mundo a mi al rededor ya no me pertenece,
Ya no pertenezco al orden de la vida humana.
No tengo madre ni padre, solo sangre en las manos,
Solo niebla y bruma,
Solo frío y dolor.
Su cara clavada en mi mente, su aroma en mi habitación,
Ya no oigo la mañana, ni la aurora ni mi propia voz.
Es la muerte; la he llamado y ha venido, la he mirado y me ha tocado.
Me ha visto e insinuado:
Que ya no puedo vivir sin ella,
La sangre será mi fiel compañera,
Ya no vivo sino es en vela,
Será mi castigo a viva voz.
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