jueves, 6 de noviembre de 2014

Teatro

Cuando me di cuenta estaba pensando, en esos momentos no era una buena señal, me separé exhausta de sus labios y le acaricié el pelo. Era suave y abundante, me acerqué para captar su aroma pero, nada. No encontré un olor embriagador, tan solo perfume, uno de tantos perfumes que la gente usa. Sin percatarme intenté recordar tu olor, pero no podía. Lo abracé débilmente, pues no me resultaba apropiado tanto cariño, pero no noté tu piel quemando mis brazos. Cerré los ojos e intenté no pensar y con una risa amable me quité de su regazo con la mirada emocionada de una actriz de cine antiguo.