Cuando me di cuenta
estaba pensando, en esos momentos no era una buena señal, me separé exhausta de
sus labios y le acaricié el pelo. Era suave y abundante, me acerqué para captar
su aroma pero, nada. No encontré un olor embriagador, tan solo perfume, uno de
tantos perfumes que la gente usa. Sin percatarme intenté recordar tu olor, pero
no podía. Lo abracé débilmente, pues no me resultaba apropiado tanto cariño,
pero no noté tu piel quemando mis brazos. Cerré los ojos e intenté no pensar y
con una risa amable me quité de su regazo con la mirada emocionada de una
actriz de cine antiguo.
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